Diario de octubre
Hoy, entre el 9 y el 10.
En el diario del 4 de octubre, consigné en Lecturas, que había buscado y consultado el libro de David Viñas, Literatura argentina y realidad política. Y que leí la parte correspondiente a Amalia. Ayer,8 de octubre, ya terminada por fin la novela, volví a la bibloteca y me senté, otra vez, a leer a Viñas. Pero esta vez decidí abrir el libro desde la primera página. Y allí me llevé una sorpresa mayúscula. Debajo de mi firma con la fecha de adquisición -1985-, hay una dedicatoria ...de ¡¡¡¡David Viñas mismo!!!! La sorpresa fue, y es, porque tengo totalmente olvidadas las circunstancias en que lo hizo. Ahí me lo dedica llamándome "paciente lectora" y algo más sobre su propia obra, no está del todo clara la letra, en que dice algo así como "antiguas ideas", aunque no exactamente. De modo que lo debo haber estado conversando con él, y esto tiene que haber sido en 1987, año del concurso de las cátedras de Literatura argentina, en la facultad, en que fui jurado por graduados, y él por profesores. No tuve otra oportunidad de estar con Viñas charlando, salvo en aquellas duras sesiones de debate por los oponentes, en la facultad. Recuerdo las clases de oposición, las discusiones posteriores, las objeciones de Viñas y su ruego de postergar el dictamen una semana porque dijo "ser jurado es como ser Dios", con la responsabilidad que le adjudicaba a no dar un fallo equivocado. Y luego de esa semana, su reconocimiento, ante la mirada estupefacta del prof. C., de los méritos de P.B., a pesar de todas las contras y no gustos que le inspiraba el profesor postulado. "Ni cómo se peina me gusta, me recuerda a Ortega y Gasset", dijo, para gran risa del resto. (Menos de C., que no estaba dispuesto a aceptar a P.B. durante 7 años en la facultad). Todo eso recuerdo y muchos y significativos momentos más, decisivos para la resolución de aquel dictamen, pero nada, nada, del momento en que sometí mi ejemplar a su autógrafo. Varias veces, andando por Buenos Aires, vi a Viñas sentado solo en La Paz, el bar de Corrientes donde se ve que era asiduo concurrente. Pero nunca me animé a acercármele. Viñas me intimidaba. Cualquier cosa que le dijera tipo "compartimos concursos en La Plata", me parecía una audacia inmanejable. Sin embargo fue una de las personalidades más interesantes que conocí. Y ahora ese libro mío, con su letra manuscrita, es una suerte de tesoro bibliográfico. Haberme olvidado del momento en que le entregué el libro, en que habremos conversado sobre su contenido, me parece imperdonable. Tanto como no haberlo abordado aquellas tardes en La Paz. Una de esas tardes, me acuerdo que lo vi levantarse y salir, como muy avejentado, o cansado, escéptico. Cuánto podría haber aprovechado si no hubiera sido tan cobarde. ¿Qué temía? A ver:
Que me tomara por tonta. Que le importara un bledo el recuerdo, con una expresión tipo ¿y a mí qué? Pero era un hombre cortés, y a cualquier escritor le gusta que lo reconozcan. Además él estaba solo, muy pensativo, eso sí, pero alargando las horas en el café, seguramente para no volver al vacío de su casa. Que alguien se le acercara ... tal vez fuera un halago. Pero yo no me sentía con fuerzas. Era una energía intelectual demasiado fuerte, su sistema de impugnaciones a lo Sartre también constituían para mi contexto pequeño-burgués un desafío insalvable. Como tantos.
Hay un video donde Viñas responde a una entrevista que le hace una periodista joven. El habla y cada tanto, después de hacer sus observaciones, pregunta "¿vamos bien?" o "¿se entiende lo que digo", con auténtica preocupación de no estar siendo muy obtuso, cuando lo que dice es muy sencillo.
Es una ausencia que ahora me apena. Lo leo -sus ensayos- y pienso cuánto había para conversar, para escuchar de él. Me seguiría intimidando, o tal vez no. Al fin y al cabo, bastante le discutí en las sesiones de la facultad. Y de mis objeciones (después lo supe, fue por mencionar la revista aquella donde escribía su "favorito"), salió su decisión de postergar el dictamen y atender seriamente al cv de P.B.
Me faltaba recordar su autógrafo, y de haberlo sabido, tal vez una de esas tardes le hubiera dicho algo.
Chau Viñas.
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