sábado, 18 de agosto de 2012

Poesía última



Tierra enlodada

En el ángulo al que da la ventana
Desde donde se ven las ramas lloronas de lluvia
Ahí cae el chorro estrepitoso del agua.
Forma charcos
Inunda pozos
Desentierra raíces
Afloja los maderos del alero.
Nos hace dudar de que alguna vez
Haya habido polvo, arena, tierra.
Que los frutos maduraran
Y los leños encendieran.

El mañana ¿es esta lluvia incesante?
Y el pasado ¿cómo fue?
¿Hubo un sol?
¿Hubo arados, siembra, huellas?

Tanta y tan constante la lluvia
En este suelo mío
Tantos los pantanos, lodazales los caminos,
Que todo paso es incierto.
No hay andar que resista el fango espeso
Ni las piedras enlodadas.

Me apena este suelo mío

Bajo este temporal de desbarrancos.

viernes, 17 de agosto de 2012

Poesía última


La casa
                                         
… pero la casa está rodeada de soledad.

Hay un jardín y hay árboles enormes
Árboles con copas madres
O copas como cúpulas, o copas como torres
Árboles simétricos y árboles de follaje vencido en llanto,
Pero la casa está rodeada de soledad.

Hay un jardín y al jardín lo cercan
Muros tejidos de verdor
Y dentro de esos muros hay perros
Que mienten su oficio de guardianes
Oscuros y despiertos.

Pero la casa está rodeada de soledad.

Hay leños encendidos en el hogar.
Junto al hogar una lámpara amarilla
Y bajo la lámpara los libros, siempre hay libros
 y fotos y estampas de una vida.
Crujen los leños en chirridos de lamento.

Hay cenizas en el piso del hogar
En los pozos del jardín de altas sombras
se juntarán con otras cenizas
y con las que guarda el pie de un roble joven.

Y se quedarán los pájaros cantando
Y la casa estará rodeada de más soledad.

Poesía última



                                                   

Calle con lluvia
                              
                       Anoche cuando dormía
                           Soñé ¡bendita ilusión!
                                                                    (Antonio Machado)


Iba por una calle de grandes piedras blancas:
Llovía, el agua se escurría entre las piedras.
Avanzaba, mirando la lluvia, la calle sola
Las casas grises, las piedras mojadas
Y se decía, ¡oh una mañana como las de antes
De amor prolongado mientras la lluvia caía
Y el tiempo se hacía nada entre las sábanas!

Ah, ¿dónde está él para decírselo y recordárselo?
Lo llamaba.
Y él era ahora un pecho erguido y amplio
Sobre el que ella apoyaba su llanto
Y en el llanto le confirmaba que sí.
Que ya sabía ella
Que era imposible revivir
Esas mañanas felices de secretos y de lluvia.
Tan imposible como traerlo de la Muerte
Desde donde ha venido a consolarla
Quieto y mudo, en este sueño.