Aire sin
refugio
No ha amanecido
aún.
Una niebla rojiza
fusiona tierra, árboles, hierba y cielo.
Difuminado,
impreciso,
tiembla el mundo
tras los vidrios. ¿Quién lo habita?
Apenas, de a ratos,
un chasquido de gotas
que cae, del tejado
a las piedras
y en las piedras ya
son espejos velados en tiniebla.
Y nada nada que
quiebre tanta húmeda quietud.
Como en el sudario
de vapores
Que rodean la Casa
Usher,
No cantan pájaros
ni ladran perros,
Y parece ominoso el
aire sin refugio.
El tiempo, emboscado en esta
penumbra
del crepúsculo del alba, está en
suspenso
y es la vigilia del insomne
cuando se asoma al mundo ajeno,
la que pregunta,
también ella inundada de niebla y
de silencio,
lo que ningún amanecer responde.
