domingo, 19 de abril de 2020

DEL LENTO ABRIL

Lento andas, abril,
Lentos tus soles y tus lunas
Amodorrado en el sueño, en la esperanza, quizás
De algo que no llega.

Lento andas, abril,
Con tu pereza, se estiran largamente
Mañanas y tardes cavilosas
Aplanadas sus horas
En inconstantes y fútiles labores.

Lento caminan tus días, abril,
Entre ciudades vacías
Calles y parajes de nadie
Todo insignificancia, abandono,
Olvido y desamparo.

¿Qué importa el mármol, el bronce
el León de San Marcos, la Fontana di Trevi,
La Torre de Londres, el Sena con sus puentes,
Qué importan los jardines de Palermo
La fuente de Lola Mora?
¿Qué importa el Aconcagua nevado,
La eternidad de un glaciar siempre creciente,
O La Garganta del Diablo?
¿Qué importa Macchu Picchu,
El Gran Cañón del Colorado,
Las gigantescas sequoias,
Y el desierto de Atacama?
¿Qué importa la grandeza
Si no la atestigua el ojo humano?
¿Quién, si no la humanidad
Sabrá lo que estas cosas
Y otras muchas valen?

Lento andas, abril,
A paso cansino,
Un pie en el verano y otro en el otoño,
Sin definir todavía el tránsito.
Despierta, vamos, acelera el paso
No te amanses ni acomodes
Al tiempo amargo al tiempo quieto
Que hoy nos tiraniza.

Sopla abril, dispara, corre, súbete y súbenos
al galope de ese potro desbocado
de crines desatadas al viento pampa
y corre, sin temor, dispara,
arrastra como un malón turbulento
a los que tienes delante
y que te sigan, galopando largo, largo
que allá espera el horizonte
ya la línea se acerca y más allá,
más allá, condúcenos, oh potro y viento pampa,
fuera del alcance, libres al fin,
de este tormento.
Corre, dispara, abril
Huye del enemigo
Que estamos bien sujetos en las ancas.