Es un blog donde incorporo textos escritos por mí, o de otros. Es esencialmente literario, con contenidos de poesías de humor para chicos, de otro humor para grandes y de ficción o mentiras verdaderas, en general.
martes, 22 de mayo de 2012
Texto invitante
Lo ajeno
Hace días que el cielo está gris y amenazante. Más que cielo: el aire todo está gris.
Desde la ventana se ven los árboles, enormes.Las ramas parece que quieren cerrarse sobre la casa, ahogándola.
Sé que árboles son, y a qué distancia está cada uno del otro.Y sin embargo, se desfamiliariza la vista en esta tarde oscura.
A través del vidrio, una masa compacta de miembros gigantescos, revestidos de a tramos por un follaje que ya no es verde, o es verdegris, verdenegro, verdecielopenumbroso.
Es grave el silencio en la imovilidad de estos gigantes.
Por los claros donde hojas y ramas dejan pasar algo de luz, se sospecha otra vida más allá del boscaje. Pero se hace insignificante, pequeña, apartada de una realidad donde el dominio es vegetal y ajeno.
No hay historia en el reino tras el vidrio.
Están allí como en eternidad. Poderosos e inconmovibles. Fuera del tiempo.
Dentro, en la callada soledad de la casa, este espacio de luz que me cobija.
Podría inventar cuentos de miedo y de misterios. Es el clima propicio.
Cuentos góticos, de esos que espeluznan, (linda palabra). Donde se oyen ladridos y chirridos de goznes herrumbrados.
Cuentos como los "de la vieja abadía" que escuchábamos temblando de frío y miedo entre las sábanas de la infancia.
Son los cuentos, sin embargo, los que barren el miedo y el extrañamiento. La palabra nos protege.
Es el otro mundo, ese de seres sin tiempo, ni voz, ni simpatía humana alguna, el horror de la naturaleza desnuda, la que nos empuja a contar cuentos, a darles nombres, a apuntalar la historia.
La perra ladra sin cesar, y si callara, de repente, sería más inquietante. Como ahora, que ha vuelto el silencio.
La noche va insinuándose entre los brazos de los gigantes.
Quien quiera contar un cuento, que empiece acá.
Hace días que el cielo está gris y amenazante. Más que cielo: el aire todo está gris.
Desde la ventana se ven los árboles, enormes.Las ramas parece que quieren cerrarse sobre la casa, ahogándola.
Sé que árboles son, y a qué distancia está cada uno del otro.Y sin embargo, se desfamiliariza la vista en esta tarde oscura.
A través del vidrio, una masa compacta de miembros gigantescos, revestidos de a tramos por un follaje que ya no es verde, o es verdegris, verdenegro, verdecielopenumbroso.
Es grave el silencio en la imovilidad de estos gigantes.
Por los claros donde hojas y ramas dejan pasar algo de luz, se sospecha otra vida más allá del boscaje. Pero se hace insignificante, pequeña, apartada de una realidad donde el dominio es vegetal y ajeno.
No hay historia en el reino tras el vidrio.
Están allí como en eternidad. Poderosos e inconmovibles. Fuera del tiempo.
Dentro, en la callada soledad de la casa, este espacio de luz que me cobija.
Podría inventar cuentos de miedo y de misterios. Es el clima propicio.
Cuentos góticos, de esos que espeluznan, (linda palabra). Donde se oyen ladridos y chirridos de goznes herrumbrados.
Cuentos como los "de la vieja abadía" que escuchábamos temblando de frío y miedo entre las sábanas de la infancia.
Son los cuentos, sin embargo, los que barren el miedo y el extrañamiento. La palabra nos protege.
Es el otro mundo, ese de seres sin tiempo, ni voz, ni simpatía humana alguna, el horror de la naturaleza desnuda, la que nos empuja a contar cuentos, a darles nombres, a apuntalar la historia.
La perra ladra sin cesar, y si callara, de repente, sería más inquietante. Como ahora, que ha vuelto el silencio.
La noche va insinuándose entre los brazos de los gigantes.
Quien quiera contar un cuento, que empiece acá.
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