Valdemar, señor
de Transilvania y de las pampas
Es
de noche,
noche
de cielo violáceo.
Allí
arriba en una rama
brillan
ojos de topacio.
¿Has
visto qué cara bruna, tan redonda, tan moruna?,
Es
como una luna seria, cara de luna muy llena.
Pero
no es la luna luna
Es
el gran buho Valdemar,
Valdemar
de Transilvania, centinela de un castillo
donde
cuidaba a doncellas que temen a los vampiros,
a
culebras, alimañas, a las temibles
arañas
y hasta al bueno y cantor grillo.
Valdemar los ahuyentaba, con su mágico
chistido.
Drácula
mismo temblaba
Al
oír aquel sonido.
De
Transilvania a estas tierras llegó Valdemar de noche.
Siempre
un misterio fue
Si
vino en barco o en coche.
Doña
Arminda, gran lechuza de mirada seductora,
Garganta
de terciopelo, pluma de suave perlado
Y
un pico tan afilado como daga de Mallorca.
Un
tiempo fueron felices, comieron buenas perdices
lauchas,
ratones y cuises que a los dos los engordaron.
Obesos
y satisfechos
¡Siempre
juntos! se juraron.
Mas
“siempre” no pudo ser...
Vestido
siempre de oscuro, con su ceño muy fruncido,
Y
esos ojos aguerridos,
el
viudo chista en la rama.
Todos
callan con respeto.
No
hay murmullos,ni ruiditos.
Nadie
quiebra una ramita.
Ni
se mueve un esqueleto.
El
viudo muy serio mira
atrás,
abajo y arriba.
La
cabeza gira y gira. Valdemar mira que mira,
busca
en vano en la llanura




