Bariloche, 14 de marzo de 2011-03-14
La hostería está situada en lo alto, en medio de una zona boscosa. Desde los ventanales de mi hbitación, se domina la vista extensa del lago, la isla Huemul, la silueta de la cordillera detrás. En la hostería todo está revestido en madera clara, en grandes listones. No hay paredes ni cielorrasos de yeso: todo es madera. El salón comedor donde desayuno, yo sola, porque soy la única pasajera, tiene también un inmenso ventanal al lago. En un ángulo, una estufa a hogar alta y profunda, que por ahora la dueña mantiene apagada, a la espera de los grandes fríos invernales. Sobre la estufa, una repisa con varios libros. Frente, un juego de sillones enfundados en bordeaux opaco, contrastan con el brillo de la madera del piso y de las vigas. No puede ser más bonito, y parece haber estado esperándome. Como mi imaginación puede haberlo diseñado: cálido, hogareño, con una vista inigualable. Y silencioso. Los ruidos que llegan, atenuados. Sólo de noche, el crujido de la madera, con sus breves estampidos, me sobresalta un poco el sueño. Pero en seguida lo retomo. Esto es una inmensa paz. Nada mundanal, desprovisto de lujos o cosas innecesarias, los únicos pasos que se oyen son los míos, y la hostelera sólo se asoma al oírme bajar la escalera para el desayuno. Anoche llegué poco antes de las 10, bajé del remisse, abrí con la llave que me dieron el primer día, y no vi a nadie. Tomé del mostrador la llave de mi habitación, entré, bajé la temperatura del calefactor y me acosté, muerta de cansancio de las intensas caminatas de la mañana y la tarde. Leí, me dio sueño, me dormí. Hoy está nublado, y no se dio el espectáculo del amanecer sobre el lago de ayer: primero dorado, después de un rosa intenso. Hay fotos, ojalá reflejen el recuerdo.
15 de marzo
Sigo siendo la única. La habitación frente a ésta, es mejor. Tiene cama con respaldo de madera tallada, rústica, de ciprés. Las paredes conservan el color de la madera: acá la de la cabecera está pintada de lila, la única, pero no me gusta. Es un misterio por qué la mujer me asignó esta habitación, con otra adosada de dos cuchetas. Las razones que me dio, no son convincentes. La otra tiene mejor vista: ventanal a un costado de la cama, al otro lado de la isla, y ventanal del otro costado, que da, como éste, al frente de la isla. Es como para una pareja, o para alguien solo. Esta que me dio es para cuatro personas. ¿Cómo se explica? Imaginar un relato con esa intriga, con este aislamiento, ya que ella parece estar, también, sola. Ayer apareció una mucama. Al mediodía se despidió, antes de la hora del almuerzo. Sofía dice, con razón, que mantener esta hostería, para un solo huésped –yo, en este caso-, no es para nada rentable. Y además de no ser rentable, es esclavizante, ya que la hostelera se ve obligada a estar siempre. Debe ser. Me dijo que la casa de ella –de ellos, recuerdo que habló en plural- está bajando la escalera. Cuando llego, como anoche, antes de las diez, ya nada se oye. Se han ido, me dejan la llave sobre el mostrador, y apenas llegan ruidos de abajo. Pero no hay nadie en la cocina, que está en la misma planta que el saloncito comedor, ni llegan olores de haber cocinado. Si es una familia, debería oírse algo. No sé si tienen hijos. Hombre, apareció uno el día que llegué, no muy amistoso, saludó apenas, sin sonreír, y desapareció. No lo he vuelto a ver.
Dejo, salgo a caminar y pensar la urdimbre de un cuento, o novela corta. Sofía no ha contestado mi último mensaje, donde le pedía me comunicara si ir a la ciudad, o no. Depende si ellos se quedan allá. No lo sé. Dejo, vienen pasos.
16 de marzo
Notas:
Una mujer de mediana edad llega a una hostería de montaña y encuentra que es la única pasajera de un lugar no muy grande, con 8 habitaciones. La dueña, una mujer de su edad, le asigna un departamento: una habitación con cama grande y otra más pequeña, con camas cucheta. Es un lugar como para una familia, un matrimonio con 2 hijos. La hostelera dice que es la habitación con mejor vista. Pero la pasajera , por su cuenta, abre la habitación frente a la suya y ve que la vista es aún mejor, ya que tiene ventanas que dan hacia el frente y hacia la parte de atrás del lago, es decir una perspectiva que abarca desde este a oeste. También la cama es mejor, con respaldo en mader tallada, mientras que la otra es sólo un sommier. La mujer encuentra que la hostelera parece vivir sola, sin embargo no busca iniciar conversación cuando le sirve el desayuno, único momento en que la ve. La hostelera, que es cortés pero distante, le ha dado, además de la llave de su habitación, la de la puerta de calle. Cuando la pasajera llega, a la noche, nunca hay nadie. Tampoco a la tarde. La hostería parece estar sólo para ella. La mujer empieza a preguntarse si no habrá algo raro en la conducta de la hostelera. Pero se siente cómoda, al no tener que alternar con nadie y poder disponer del juego de sillones frente a la estufa de leña, o poder recorrer el pasillo que lleva a su habitación con la tranquilidad de que nadie interrumpirá sus pasos. Pasa una semana leyendo y saliendo a caminar. Va de visita a la ciudad, distante a unos 10 km . Desconfianza mutua. Época.mediados de los 50 0 60. La mujer lleva un diario. La otra escribe una especie de informes, no se conoce con qué desino. La pasajera se viste con breeches y sale con una fusta y botas de montar, una mañana. La dueña la está espiando, casi siempre, desde su vivienda, situada abajo del piso de entrada a la hostería. Cuando sale, la hostelera sube y observa el camino que la otra sigue.
Nada se sabe de los propósitos de una u otra. En el diario que lleva la pasajera, anota nimiedades y descripción de hostería y paseos por las cercanías, pero no mucho m´s. Anota que ya F. debería haber llegado. O que F. podría enviarle un mensaje, aunque claro, no tiene su dirección. Irá al almacén o restaurant, café, de la curva del camino) a preguntar. Está la vista del lago, la isla más grande y la otra, más pequeña, alejada, en los confines del lago. Uno de esos días se embarcará, cuando reciba alguna señal de F. Pasan los días, las casas y las cabañas de turistas se han ido vaciando. Muchos han cerrado sus postigos, y clausurado los servicios. Empieza a hacer frío y a oscurecer más temprano.
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