30 ◀ PRIMERO LEEMOS, DESPUÉS ESCRIBIMOS LEER ▶ 31
dice al fi nal de Naturaleza. “Debes saber, entonces, que el mundo
existe para ti. Para ti es un fenómeno perfecto. Lo que somos
es lo único que podemos ver.” Y luego prosigue diciendo: “Por
lo tanto, lee y escribe tu propio mundo”, ya que la lectura creativa
era en última instancia inseparable de su propia escritura
creativa. Pero leer era tan sólo un medio. El fi n –el propósito–
era escribir.
revela lo que el escrutinio oscurece”. Cuando se le pedían detalles
precisos sobre la manera de lograrlo, Emerson vacilaba un momento,
dice Woodbury, y luego seguía adelante:
Bien, aprende cómo decidir, por el principio de los capítulos y por
lo que puedas atisbar en las oraciones, si necesitas leerlos enteros.
Así, pasa página tras página, manteniendo ante ti el pensamiento
del escritor, pero sin demorarte con él, hasta que te haya ofrecido
aquello que estás buscando; entonces sí quédate con él, si es que
tiene lo que deseas. Pero recuerda que sólo lees para formar tu
propio equipo.
La mayoría de los escritores acaban por desaparecer en sus textos;
muchos apuntan a ese objetivo. Emerson apuntaba a lo
contrario. Su fe en los textos sólo descansa en la capacidad de
transportar que posean. Su teoría de la lectura y de la escritura
son biográfi cas: el texto debe transportar al lector hacia el escritor,
y debe transportar al escritor hacia el lector. Las argumentaciones
convencionales suelen mirar con malos ojos los argumentos
ad hominem. Para Emerson, es exactamente al revés.
Todos los argumentos son ad hominem o ad feminam,* nada más
importa. Cuando se establece la relación entre el escritor y el
lector, el texto se disuelve en ella. Los mejores textos se disuelven
una y otra vez en esa relación.
El joven Woodbury, impresionado pero perceptivo, observó
que resultaba simbólico que Henry Ward Beecher, el famoso
orador y predicador, tuviera un enorme escritorio con la forma
de una rueda, en cuyo centro se sentaba el propio Beecher.
Emerson, por su parte, trabajaba en una mecedora que acercaba
al borde de una mesa redonda. Emerson sabía que aunque las
cosas eran circulares (“la unidad y el universo son redondos”)
y aunque cada persona es su propio centro, nadie ocupa el
centro del mundo. “Cada espíritu se construye una casa, y más
allá de la casa un mundo, y más allá de su mundo un cielo”,
* Argumento elaborado a la medida del hombre o de la mujer. [N. de la T.]
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