Otra
vez la silla
abandonada
en el jardín
y
la tentación de rodearla
tapizarla
de signos y atavíos
envolverla
y alzarla
pulida
de su insignificancia de materia anodina
entronizada
en metáfora
de
soledad
de
espera
de
farewell sin sollozos
de
raíz arrancada
de
bajel sin rumbo en la calina
otra,
otra luz
silla
recurrente que interpelas
frente
al ventanal
en
tu sombría quietud a la intemperie
como
un amor desarbolado y seco
o
un peñasco al vacío
un
atolón perdido en la neblina
algo,
algo que pide ser nombrado
y
ofrece su desnudez de signo
que
reposa
y
quiebra
la
nítida visión
de
su ser silla
en
astillas y burbujas de palabras.

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