Del silencio del cuervo
El cuervo de Poe no ha venido a graznar
esta noche. Podría, hay luna clara, no llena
y un brillo doliente en la sombras del jardín.
Sin embargo, no vendrá el cuervo con su anuncio aciago
con su estribillo ronco y cavernoso a importunar
el silencio.
Never more? Ya lo
sabemos.
Qué otra cosa podría pronunciar la voz del extravío?
No es necesario el cuervo para mentar lo perdido.
Sólo que … una voz
sería deseable, un susurro humano,
un grito tal vez, o una plegaria, un estertor, un lamento.
Algo irrepetible y fatal
como la pregunta de Parsifal al rey pescador.
Una voz como un madero
en la batalla que el náufrago da al mar que lo devora,
un surtidor en el desierto,
una voz capaz de detener el tiempo
y de callar el nunca, el siempre, el ahora o el entonces.
Pero reina el silencio afuera
y adentro, picoteando
la angustia,
el eco del cuervo y su lejano graznido,
que nunca será. Nunca más.
Never more, never
more…

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