Hombre de la avenida
Allá va otra vez y otra mañana el hombre
el caminante sin pausa.
El mismo paso, la misma
barba,
el pelo largo, ya canoso y descuidado,
el cigarrillo en la boca, el cansancio en la mirada
la desolación en todo el cuerpo.
Anda por los bordes de la avenida, flanqueada por matorrales,
hacia arriba,
hacia abajo
a toda hora.
Nunca la cruza
nunca habla con nadie, ni nada del afuera lo
detiene.
Con ojos bajos y hombros desvalidos,
va todo él
inundado de ausencia.
Se va el verano, llegan los vientos y despojos del
invierno
cruje la escarcha bajo las suelas gastadas
y el hombre, que envejece, siempre caminando, de
ida, de vuelta,
inclemente en su rutina. ¿Hay refugio para esta alma?
¿No hay un rincón donde recueste su esperanza?
Ese andar incesante y sin destino,
Caminante incansable,
qué señal inquietante a tus testigos.

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