lunes, 3 de febrero de 2014

Poesías de canto y cuento



                   
                  Valdemar, señor de Transilvania y de las pampas

Es de noche,
noche de cielo violáceo.
Allí arriba en una rama
brillan ojos de topacio.
¿Has visto qué cara bruna, tan redonda, tan moruna?,
Es como una luna seria, cara de luna muy llena.

Pero no es la luna luna
Es el gran buho Valdemar,
Valdemar de Transilvania, centinela de un castillo
donde cuidaba a doncellas que temen a los vampiros,
a culebras, alimañas,  a las temibles arañas
y hasta al bueno y cantor grillo.

 Valdemar los ahuyentaba, con su mágico chistido.
Drácula mismo temblaba
Al oír aquel sonido.

De Transilvania a estas tierras llegó Valdemar de noche.
Siempre un misterio fue
Si vino en barco o en coche.

En la torre de la iglesia encontró una compañera:
Doña Arminda, gran lechuza de mirada seductora,


Garganta de terciopelo, pluma de suave perlado
Y un pico tan afilado como daga de Mallorca.
 
Un tiempo fueron felices, comieron buenas perdices
lauchas, ratones y cuises que a los dos los engordaron.
Obesos y satisfechos
¡Siempre juntos! se juraron.

Mas “siempre” no pudo ser...
Vestido siempre de oscuro, con su ceño muy fruncido,
Y esos ojos aguerridos,
el viudo chista en la rama.

Todos callan con respeto.
No hay murmullos,ni ruiditos.
Nadie quiebra una ramita.
Ni se mueve un esqueleto.

El viudo muy serio mira
atrás, abajo y  arriba.
La cabeza gira y gira. Valdemar mira que mira,
busca en vano en la llanura
a su lechuza querida.

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