A
otros se les da por la física cuántica
A
algunos, por los platos gourmet
Por
las teorías de Hegel o los delirios de Rimbaud.
Avistar
pájaros, descifrar jeroglíficos
Extraer
el zumo de caléndulas y jazmines
Sumergirse
en las honduras de las aguas
o
los cielos
en las huellas de las ruinas, en maxilares y
vértebras de fieras antiguas.
A
otros se les da por aventurarse en las cimas del Himalaya
Arrojarse
al vacío del espacio
O
abrazarse para siempre a los caminos del dolor:
En
fin, a tal variedad de incontables tareas (nobles, mezquinas, grandiosas, y
pequeñas
Efímeras
casi todas y algunas apenas perdurables)
Fuimos
lanzados cuando llegamos al suelo de esta tierra,
Solos,
solísimos, en eterno silencio de respuestas.
Señor
¿por qué?______________________________________
Señor
¿para qué? ______________________________________
En
el altar de aquel santuario de la infancia, leíamos, en letras doradas:
Ad majorem gloriam Dei.
Y
ésa era, así de sencilla, la respuesta.
Puede ser. ¿Por qué no?
(Quien
lo negase, sería tan simple como quien lo afirma)
Sea
cierto o no, ahí está el leñador de un lado
Y
quien recoge el fruto de su esfuerzo
Para
hacer fuego, del otro.
Y
aquí sin saber por qué ni para qué
estoy
frente al fuego que siempre enciendo y cuido, alimento, arrimo y acomodo,
y
por él me desvelo y abandono otros deberes:
un
pequeño cosmos de energía, Señor, que me da oficio y abrigo.
Mientras
otros llegan con libros y teorías,
Sinfonías,
cartapesta y catedrales
Yo
sólo tengo el fuego, Señor, para ofrecerte. Mi fuego.

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