jueves, 11 de octubre de 2012

Ofrenda





A otros se les da por la física cuántica
A algunos, por los platos gourmet
Por las teorías de Hegel o los delirios de Rimbaud.
Avistar pájaros, descifrar jeroglíficos
Extraer el zumo de caléndulas y jazmines
Sumergirse en las honduras de las aguas
o los cielos
en las huellas de las ruinas, en maxilares y vértebras de fieras antiguas.
A otros se les da por aventurarse en las cimas del Himalaya
Arrojarse al vacío del espacio
O abrazarse para siempre a los caminos del dolor:
En fin, a tal variedad de incontables tareas (nobles, mezquinas, grandiosas, y pequeñas
Efímeras casi todas y algunas apenas perdurables)
Fuimos lanzados cuando llegamos al suelo de esta tierra,
Solos, solísimos, en eterno silencio de respuestas.
Señor ¿por qué?______________________________________
Señor ¿para qué? ______________________________________

En el altar de aquel santuario de la infancia, leíamos, en letras doradas:
Ad majorem gloriam Dei.
Y ésa era,  así de sencilla, la respuesta. Puede ser.  ¿Por qué no?
(Quien lo negase, sería tan simple como quien lo afirma)
Sea cierto o no, ahí está el leñador de un lado
Y quien recoge el fruto de su esfuerzo
Para hacer fuego, del otro.

Y aquí sin saber por qué ni para qué
estoy frente al fuego que siempre enciendo y cuido, alimento, arrimo y acomodo,
y por él me desvelo y abandono otros deberes:
un pequeño cosmos de energía, Señor, que me da oficio y abrigo.
Mientras otros llegan con libros y teorías,
Sinfonías, cartapesta y catedrales
Yo sólo tengo el fuego, Señor, para ofrecerte. Mi fuego.

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